Las 49 + 1

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Ultima serie de 50 obras sobre los Chakras
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domingo, 30 de septiembre de 2007

La Carne












Para el momento que llegó la muestra de Marzo 2003, encargada por la galería OD Art, de Delft, había recorrido con largo trecho con el arte. Había expuesto en La Habana, Praga y varias veces en Delft. También en ese momento participaba de una colectiva en Londres. Esta vez, se trataba de una colección de desnudos masculinos, veintidos obras a las que le dediqué dos años de mi vida. Aquí no había cabida para el espíritu, ahora era el turno de volver a la tierra, pero a su parte más densa, a la carne y al deseo, a la narración de una especie de biografía a través del cuerpo. De hecho, cuando la muestra se presentó en Buenos Aires se llamó "Apuntes Biográficos."
El crítico de arte Alfredo Cernadas había escrito en el Buenos Aires Herald: "La obra de Formaiano, hermosa, fantástica, admirablemente pintada y dibujada, es exuberante y vital como la poesía de Walt Whitman. Y el artista no le teme al color."
Luego de que terminara la muestra en la Delft, la obra se mudó a De Provoost Galerie, en Brielle, cerca de Rotterdam, al sur de Holanda.
En el medio y para cerrar el círculo - cierre que yo no veía o no quería ver - hubo una recuperación de mis lazos de sangre con un Formaiano que me ubicó por Internet, y a quien visité en Padova.

Tras los pasos de Vermeer















Mi romance con Holanda, y más específicamente con la ciudad de Delft comenzó en Enero de 1998, cuando hice la primera muestra conjunta con un grupo de artistas holandeses en De Sigarenfabriek, producto de un evento sincronístico. Esta muestra fue arreglada al finalizar "El viaje circular" en Italia. Y así comenzó un canal entre Buenos Aires y Delft que se mantuvo hasta Marzo de 2003, cuando hice la última gran muestra individual en Delft y empezó a cerrarse el círculo.
Por las noches, cuando Delft quedaba envuelta en un clima de irrealidad y silencio, salía a caminar bordeando los canales hasta llegar al gran canal, allí, bajo las estrellas, conjuraba al espíritu de Vermeer, uno de los más grandes pintores de la historia del arte, nacido en Delft. Como regalo y en agradecimiento, enterré varios pinceles a orillas del gran canal, en una ceremonia de comunión con la tierra. La pintura seca de mis pinceles se mezcló con la tierra de Delft, en una conjunción alquímica sin tiempo. La fotografía pertenece a la inauguración de "The Unfolding", en la galería O'DArt, de Delft, el 8 de Marzo de 2003.