Las 49 + 1

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Ultima serie de 50 obras sobre los Chakras

viernes, 17 de septiembre de 2010

SIN FOTO NO CONTESTO

Sobre algunos de los peligros que plantea el anonimato virtual

Todos coincidimos en que, entre las nuevas formas de relacionarse, la virtualidad ocupa un lugar de privilegio. Privilegio fundamentalmente otorgado por la rapidez en la ejecución de un encuentro, si cierta noche se busca algo rápido, se lo encuentra en un par de clicks sobre perfiles acordes al gusto de cada uno.
Si bien a menudo se publican mensajes que dicen “sin foto no contesto”, la necesidad tiene cara de hereje y cuando el deseo apremia, tal condición puede ser obviada en pos de una rápida satisfacción.
Pero esta rapidez conlleva la posibilidad de caer en una trampa. Con frecuencia se escuchan historias de chicos que han concurrido a un encuentro o que han recibido a alguien en su casa y que, luego de un período en el que no recuerdan qué sucedió, despiertan en la cama de un hospital sufriendo los efectos de una poderosa droga.
Dicha droga se llama Escopolamina y es un alcaloide tropánico que se halla presente en una amplia variedad de plantas. Suministrada en altas dosis puede producir desde delirios hasta parálisis y, en casos extremos, la muerte. Pero el efecto más peligroso es el de la amnesia.
Los efectos de esta droga, en cantidades mínimas, producen dificultad para tragar y hablar, hipertensión, alta temperatura, episodios de ceguera y, como se mencionó anteriormente, falta de registro o amnesia temporal.
Se han reportado casos de sujetos que recuerdan haber estado hablando con la persona que acababan de conocer y de pronto, no saben cómo, despertaron tirados en el suelo de su departamento al día siguiente. También se conocieron casos en los que se hallaban en un café y también sin saber cómo, despertaron en su departamento; pero, en ambas situaciones, el departamento había sido vaciado…
Es que la Escopolamina puede ser fácilmente disuelta en bebidas, mezclada con alimentos o incluida en un cigarrillo de los que se enrollan. Debe descartarse el mito que ha circulado respecto a que papeles, volantes u objetos impregnados con la droga – como un pañuelo sacudido frente a la potencial víctima- producen el fatídico resultado que lleva a un robo. La droga tiene que ser ingerida o inhalada para ser efectiva.
Pero, una vez acontecido el hecho, ¿Cómo se localiza al delincuente? En realidad, es casi imposible. Un nick es simplemente eso, un nick, detrás del cual puede haber un nombre, que puede ocultar otro nombre y hasta las señas descriptas en el perfil pueden ser modificadas y las fotos cambiadas “disolviendo”, como por arte de magia, a aquel con el que se tuvo la fatídica cita.
Muchos seguramente conocemos a alguien a quien le ha ocurrido esto, solo se trata de estar atento y ser precavido ante un encuentro que pudo haberse concretado en minutos, pero que deja secuelas que duran varios días y una sensación de vulnerabilidad y exposición que, a menudo, solo se comparte con un reducido grupo de amigos. Porque, en realidad, ¿quién podría llegar a entender lo que somos capaces de hacer cuando el deseo apremia?

Lic Luis Formaiano

miércoles, 1 de septiembre de 2010

PAREJA A ESTRENAR SE BUSCA

Mecanismos de inmadurez en la relación de pareja

Con frecuencia, en algunas personas, puede observarse una actitud bastante común: la de comportarse como si fueran los primeros en la vida de alguien, por ejemplo, de sus parejas. Pero salvo que una pareja se establezca en los años de adolescencia, ese lugar de ser “el primero” queda perdido para siempre. Sin embargo, muchos se lo reclaman a sus parejas adultas y actúan en consecuencia, aún a sabiendas de que es un imposible.
¿De donde proviene esta necesidad de ser exclusivo, único, primero? En principio tenemos que retrotraernos a la primera infancia, a los tiempos en los que como bebés o niños pequeños éramos todo para nuestra madre. Había un amor asegurado, deseos que se satisfacían, muy baja frustración, tiempos de espera cortos, en fin, un registro de la realidad de carácter totalmente irreal, pero coherente con el período evolutivo que se estaba atravesando.
Al ir creciendo, ese lugar de exclusividad debió ser resignado, ya por el nacimiento de un hermano, ya por la entrada al mundo de la socialización, especialmente durante los primeros años de la escuela primaria donde la maestra ocupaba ese lugar al que se le reclamaba exclusividad, “ser el mejor de la clase” o el de “la nota más alta” volvía a colocarnos en zona de privilegio.
Pero cada vez se iba produciendo una distancia mayor con esa situación primaria, ideal, de los primeros años de vida.
Finalmente, llegamos a la adolescencia, el primer amor, la primera relación sexual, la primera vez para muchas cosas – ya no como niños sino como adultos. Y allí puede que se recuperase algo de esa exclusividad, simbolizada en tantos pactos de amor entre adolescentes. No por nada, siempre queda un registro de la primera persona con la que hicimos el amor en nuestra vida, un recuerdo especial de quien nos inició, de quien gozó de nuestro cuerpo por primera vez.
Entonces, ¿Qué se le demanda a la pareja adulta? Que se ubique en ese esquema de satisfacción, que no nos frustre, que nos de exclusiva atención, que nos entrone en un lugar donde no haya cabida para otro, que su pensamiento sea solo para nosotros... Y allí aparecen los celos, los reproches, las demandas, la sensación de desplazamiento, aún cuando ese otro – vivido como invasor - no sea más que un compañero de trabajo o de estudio de nuestra pareja.
Por supuesto que este mecanismo es inconciente, y el demandante no se da cuenta de que está actuando de manera infantil, buscando revivir un lazo primitivo, no actual.
Por eso la comunicación en una pareja es fundamental, para que cuando aparezcan signos de esta índole, en vez de esperar que se plantee una crisis y tal vez sea demasiado tarde para modificar actitudes, se pueda razonar como dos adultos sobre qué es lo que cada uno ve en el otro (o proyecta en el otro) y la pertinencia o no de sus demandas. Poder separar situaciones concretas del presente de situaciones ilusorias del pasado, ver a esa pareja como quien es, alguien con individualidad propia, con una historia, con huellas de otros vínculos, de otros cuerpos. Solo así podremos encarar una relación de manera adulta y perdurable.

Lic Luis Formaiano

sábado, 22 de mayo de 2010

MANOS ATADAS


Atarme las manos para no sentir
ni poder tocar
ahí,
donde duele
a corazón abierto
no llega la nieve
aunque mi invierno me robó
la llama cálida que ardía
en mi mente
porque la apagó
con una lluvia fría e impotente
como lágrimas de glaciar.

Atarme las manos para no morir
a manos de la tristeza
que se alió con nubarrones grises
para ensombrecer el corazón
que estando abierto, duele
y se queja, en voz baja
en ese desolado paisaje de pura emoción.

Atarme las manos para sobrevivir
cuando ya no tengo donde ir
cuerpo deseante abandonado
a placeres estériles y miradas vacuas
a labios descarnados y gemidos hirientes
a noches solitarias y a días incandescentes
con la NADA como destino.

Atarme las manos
cerrar fuerte los ojos
ahogar mis palabras
combatir el llanto
volverme roca
morirme de amor...

domingo, 4 de abril de 2010

LA SAGA DE LA FAMILIA DAMIANI: LA TRISTE HISTORIA DE ADA DAMIANI


Ada, hermoso nombre, casi celestial. Pero la historia de Ada carece de elementos celestiales.
Sus padres siempre fueron muy estrictos con ella, entre muchas otras cosas, no le permitieron conocer el amor. Claro, el concepto de amor a principios del siglo XX, cuando Ada nació, no es el que existe ahora. Y el destino que habían elegido para Ada era el de permanecer soltera toda su vida. ¿Qué deudas pagaba Ada con su soltería? Nunca lo supo. Ni tampoco se lo dijeron. Solo espantaban a cualquier posible pretendiente que se le acercase. Ella jamás debía abandonar a sus padres, y de hecho, nunca lo hizo.
De chica había sido muy sumisa, cuando hablaba, su madre tapaba su discurso con su propia voz y su padre, apenas si se sentaba a hablar con ella. Porque Ada no hacía preguntas, aceptaba que las cosas eran como eran.
Y la querían, pero no sabían que hacer con ella. La percibian como distinta, hablaban de su ignorancia - como padres - en la crianza de niños pero tampoco tenían a quien consultarle sobre cual sería la mejor manera de criar a Ada. Y Ada jugaba sola, inventaba personajes, hasta el día que su madre le pegó porque se puso un tul blanco y pretendió ser una novia. Le dijo "nunca vestirás el ropaje del placer" (o al menos es lo que las crónicas reportan que le dijo).
Y Ada llegó a la adolescencia, sentía cambios en su cuerpo, sentía deseos de tener amigos, pero las puertas de la casa eran como las de una fortaleza infranqueable. Y miraba pasar el mundo, la gente, la vida, a través de los vidrios de la ventana de su cuarto.
Nunca le celebraron un cumpleaños, ponían excusas para que nadie entrase a la casa. Le aseguraron que ni siquiera haría falta que pensara en trabajar, su padre proveería por ambas mujeres, su madre y ella. Ada añoraba salir, sabía que afuera había un mundo que valía la pena ser vivido, el mundo de principio de siglo, las calles bullían con inmigrantes y curiosos personajes del barrio.
El día que Ada cumplió 19 años, la llevaron a un estudio de fotografía, para que Ada fuese retratada. Cuando el fotógrafo le pidió que sonriese, Ada miró a la cámara y el fotógrafo tardó en sacar la foto, no solo porque las máquinas fotográficas de principio de siglo tenían una velocidad de exposición muy lenta sino porque sus ojos se habían nublado por la emoción de ver a aquella bella jóven pidiendo ayuda a través de su mirada. Ada clamaba por vivir, con desesperación...
Cuando le entregaron la fotografía revelada, Ada recorrió los contornos de la figura con su dedo índice, como si estuviera reconociendo sus límites - y sus limitaciones. Una mujer encerrada en el cuerpo de una mujer. Una mujer que no era mujer. Una mujer que no llegaría a saber lo que es ser mujer.
Habían pasado apenas dos días luego de la toma de la fotografía, y un 20 de junio de 1919, Ada se fue a dormir como tantas otras noches. Pero esta noche fue distinta. Luego de sus rezos, pidió con todo su corazón, no despertar más.
Y esa noche tuvo un sueño, venía alguien vestido de blanco a buscarla. Acariciaba su pelo y le prometía que si dejaba que la llevase, sonreiría para siempre, lejos de su casa, en libertad. Su espíritu gozaría de la libertad que nunca había tenido.
Ada se levantó, abrió la ventana. El gélido frio de la noche de un invierno temprano le golpeó el rostro, mas pálido que nunca a la luz de la luna.
Y caminó, entre la bruma, hacia el río. No sintió cuando su cuerpo se hundió en el agua, no sintió cuando el agua llenó sus pulmones impidiéndole respirar, no sintió cuando el lodo del fondo del río ennegreció su blancura... porque es solo un sueño, penso.
Cuando a la mañana siguiente Domenica Damiani, abrió la puerta del cuarto de su hija, desesperó al no verla en la cama y ver la ventana abierta. Ada había dejado algo detrás, su fotografía. Domenica la tomó con lágrimas en los ojos y con su mano derecha, tapó su boca ahogando un grito sin tiempo: en ella, Ada estaba sonriendo.

NX arte con Luis Formaiano « Nexo Asociación Civil

NX arte con Luis Formaiano « Nexo Asociación Civil

lunes, 28 de septiembre de 2009

POR FIN... TE ESTARÉ ESPERANDO






“Te estaré esperando” le dijo ella. “Hoy estoy vestida de azul, pero puedo mutar en lo que desees, para que la brisa que generan tus movimientos me lleven de viaje al lugar del que no se vuelve”.
Y así comenzó una espera sin fin. El tupido follaje exterior se convirtió en vestidos ocres, que se deshilacharon hasta dejar al desnudo los cuerpos de las plantas y árboles. Su gris desnudez tiñó de melancolía la espera. El lugar del que no se vuelve estaba cerca, una inmensidad blanca, vacía, expectante. En algún momento fue acariciada por una mano que bebió su textura, las yemas de los dedos danzando sobre la superficie, imaginando posibles mundos… pero allí quedaba todo, él no estaba preparado aún. Había regresado de otro viaje, se había llevado sus colores y había vuelto solo, sin ellos, que desde alguna trastienda lejana reclamaban la ternura de su mirada.
Y ella esperó y esperó. Cada tanto él aparecía, la miraba, miraba luego la superficie blanca y se desplomaba en una silla, con la cabeza sostenida por sus manos y así se quedaba, en silencio, en una comunión consigo mismo incomprensible para ella, que solo quería viajar al lugar del que no se vuelve.
Pasaron más y más días, tal vez meses y el seguía subiendo al estudio sin lograr entrar en acción. Pasaba largas horas en silencio, mirando el vacío.
Claro, con el paso del tiempo ella se había secado y endurecido, pero aún poseía un aliento vital que le permitía ser testigo de esa absurda inacción. Afuera, mientras tanto, los árboles y las plantas habían vuelto a vestirse de un verde dinámico y vital, flores multicolores comenzaron a aparecer por todas partes y por las mañanas, el sol calentaba ese pequeño paraíso, reflejando sus rayos en el piso del estudio.
Pasó todo un verano y una noche, inesperadamente, él irrumpió como poseído por una fuerza que no podía controlar y casi con desesperación, tomó un pincel, aquel al que ella le había hablado hacía tantos meses. Lo miró, lo puso contra su pecho y a su mente acudieron imágenes que solo él podía ver: un ritual que había llevado a cabo en cada muestra, enterrar un pincel a orillas del río que atravesaba tal o cual ciudad. Así, pinceles habían quedado en Pavía, en Delft, en Praga, en Londres… pero éste era un pincel nuevo, vírgen.
Ella, aún vestida de un azul ennegrecido, observó como las fránticas manos de él colocaban un naranja a su lado y parado frente al lugar del que no se vuelve, trazaba unas líneas al azar con una carbonilla. Luego, tomando el pincel y hundiéndolo en el naranja, dio el primer toque de color.
Ella se iluminó de emoción, y aunque seca, vibró al son de ese naranja, que en generosas cantidades era transportado a un espacio que había dejado de ser blanco. Allí, acabó la espera, la vida / el atelier - había vuelto a ser lo que había sido durante tantos años, una maternidad de luz.

Luego de 7 años fuera del circuito de arte de Buenos Aires, regresé el 22 de septiembre con "Te estaré esperando", 16 obras con textos de diversa extensión. Un reencuentro con parte de mí mismo, con gente que me estaba esperando, pero fundamentalmente, con el arte, con su poder sanador, reparador, contenedor. Una experiencia única, volver a verme en las paredes, en los ojos de los otros, en sus emociones. Gracias a todos los que visitaron!

domingo, 9 de agosto de 2009

UNA PARTICULAR HISTORIA DE AMOR




Cuando tenía 10 años aproximadamente, una tarde me llevaron a caminar por Florida, había una feria de editoriales y me paré, casi instintivamente, en el stand de una editorial que publicaba guiones de cine. Siempre me había gustado el cine, recuerdo las funciones de los miércoles en el Cine Rivas, de Parque Patricios, donde daban tres películas en continuado y, a veces, hasta número vivo!!!
Solía recortar los afiches de cine que salían en el diario y luego las críticas de los estrenos y así, a partir de 1969 empecé a armar carpetas que hoy son material histórico de una época que ya no lo será más. Fundamentalmente porque la mayor parte de los cines han cerrado y la gran época de oro, con los grandes, se ha ido terminando, muertos Bergman, Fellini, Visconti, Tarkovsky, que nos queda...
De chico, muy chico, mis padres me habían regalado un proyector CINEGRAF, que aún conservo, allí, con papel manteca, creaba mis propias películas y sentaba a mis amigos a verlas. Eran, por lo general, historias de terror, imaginadas a partir de mis tempranas lecturas de Edgard Allan Poe y las historias de Narciso Ibañez Menta en televisión.
En fin, mi papá, siempre atento a mis gustos, me dio la sorpresa de regalarme esa colección de guiones de tapa blanca que había visto en la calle Florida.
Vinieron envueltos en papel madera y cuando abrí el paquete, me encontré con una pila de guiones de Fellini, Buñuel, Visconti, Passolini... los devoré, sin entender mucho, ya que era muy jóven. Hacia mis 14 años, peinado con gomina y vestido de traje, me presentaba en las boleterías de los cines y compraba entradas para ver las películas de esos guiones que había leído, en ese momento, todas prohibidas para menores de 18 años. Al entrar al cine, el olor de la sala, las butacas, la oscuridad, el telón, las copias con saltos, todo era parte de la magia y alli comenzo una de las más largas historias de amor de mi vida.